Ricardo Cortat.
Matrimonio británico que se muda a Francia después de años de vacacioneo.
Es más una excusa para rajar de compatriotas gorrones y rarezas de los nativos que el ejercicio etnográfico que nos venden.
No está mal, tiene sentido del humor y se come bien, muy bien pero no es para tirar cohetes.
Sólo para veranos con piscina.
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